
::the.killers::sam’s.town.[island]
El problema con la anglofilia es éste: No puedes hacer un primer disco queriendo sonar a Bowie, si en el segundo tu role model será Bruce Springsteen. No pues. Eso no debería preocuparnos en principio, pero el debut de The Killers no era tan malo como algunos quisieron hacerlo creer [lo llamaban Hot Mess en vez de Hot Fuzz, jeje]. Lo innegable es que su debut tenía todas las características necesarias para considerarlo dentro de ese revivalismo que se dio luego del boom de Interpol y demás paisanos [son de Las Vegas]. El apego a los sonidos redescubiertos de la era post-punk ochentera les sirvió para editar un disco con un puñado de canciones, no sé si efectistas, mas sí con los ganchos radiales para hacerse conocer y gustar. Aunque la cuestión no estaba del todo clara: ¿era genuino su “tributo” a aquellos sonidos, o solo se metieron a esto para conocer chicas? Ahora, con esta segunda entrega, todo sigue siendo confuso. Porque si por entonces parecía que no se lo tomaban tan en serio, ahora resulta que ellos quieren hacernos creer que ya se toman todo a pecho. Aquel indie/glam pop del debut se ha dejado de lado para darle prioridad a cierta grandilocuencia que se me hace exagerada [estoy que busco un adjetivo para 'exabrupto']. Ya no se les ve juveniles y alocados. No, lo que The Killers nos muestra en Sam’s Town, en sus canciones, en sus videos, es cuán larga se han dejado crecer la barba. ¿Tan tontos nos creen que piensan hacernos querer pasar el pelo en pecho como señal de madurez? Y eso invade el terreno del “american pride”, que ya comienza a apestar desde el título del disco y la influencia musical señalada: El Tío Sam, El Jefe, sus apariciones en videos vestidos como cowboys, en locaciones “típicas” como aquellos cines que visitas con tu carro descapotable, dirigidos por Tim Burton, en fin… El problema está en que ellos son los únicos que se han creído el cuento que se han inventado. No están celebrando sus orígenes ni mucho menos. Se están celebrando a ellos mismos. No celebran sus influencias, sino se sienten orgullosos de lo parecido que suenan a otras cosas. Hacer lo primero implica crear algo original, y hasta ahora no pasa eso con la mancha de Brandon Flowers. Si hasta en “Bones” parece querer imitar al Mozz. Más que su sonido, lo que ha mejorado es su ego. Ello se reafirma con el hecho de que las canciones de este Sam’s Town no suenan mejor: solo son más “grandes”. Y dudo que alguien, incluso ellos, quieran sacar un disco solo para que tu hermana ponga su póster en la pared de su cuarto. Supongo que para la próxima en vez confiaré más en alguna banda que venga de la ciudad que nunca duerme, que en alguna salida de la llamada Sin City. O mejor aún, obviaré cualquier cosa que haga de aquí en adelante The Killers. A menos que me salgan con más canciones tipo “For Reasons Unknown”. Sí y solo sí. Sino nada, Brandon: aquí hay más fillers que killers.















