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Cuando lo tienes, carajo, lo tienes. Y no [querer] darse cuenta de eso, es más que un pecado. Y aquí, estimad@ lector, poco importan los géneros y las orientaciones sexuales. Con Release The Stars, Rufus Wainwright termina por convertirse definitivamente en mi Freddie Mercury del siglo 21. Tan tierno y frívolo como el frontman de Queen, tan impactante y fabulosamente talentoso como en los mejores momentos del cantante nacido en Zanzíbar. Aquí están rezumados todos los epítetos que alguna vez se le han achacado a su producción: barroco, excesivo, extravagante, huachafo, melodramático, hasta rococó [¿?]. Teniendo en cuenta que estamos hablando de un artista que viene de hacer una gira de conciertos tributo a Judy Garland, aquellos calificativos son exactos, por decir lo menos. Y es que Release The Stars sigue siendo tan pomposo como Want One [2003] y Want Two [2004]. Pero la teatralidad ha disminuido y las historias mundanas/cotidianas son parte del repertorio. No sorprende, toda vez que el propio Rufus afirmó sin tapujos que ahora si quería vender más discos, pues ya no se contentaba con solamente la aprobación de la crítica y su estatus de músico de culto. Tal vez también teniendo en cuenta tal resolución, se hace de los servicios de Neil Tennant [Pet Shop Boys] para la producción de este 5to disco en su trayectoria. El disco se sostiene por la calidad vocal del canadiense, sin escatimar en notas altas [que no falsettos], con el piano como instrumento omnipresente [que en su mayoría él mismo ejecuta] y los arreglos de cuerdas [violines y similares]. Es un disco coral, apabullante en su fuerza interpretativa, y letras que muchas veces son directas ["Do I love you because you treat me so indifferently?" canta resignado en "Slideshow"], y las otras se pone lírico, evocativo y/o sugerente ["Tulsa" se supone que está dedicada a Brandon Flowers, el vocalista de The Killers, y aquí se refiere a él en una línea que dice "taste of potato chips in the morning", mmmfff...]. En el campo lírico, el buen Rufus siempre ha sido celebrado y nunca ha dejado indiferente a nadie [Hay un tema llamado "Between My Legs" -poseedora de una impactante sección de vientos, además- con una línea que dice "I'll shed a tear between my legs", qué nos habrá querido decir]. El disco comienza magistralmente, con 2 tracks que son lo mejor de su cosecha, “Do I Dissapoint You?” y “Going To A Town”, una exultantes, la otra sentida [la vas a encontrar en mi lista de fin de año de todas maneras], te hacen añicos el alma. En adelante, ya no hay pierde. Épico como se esperaba, Rufus Wainwright tal vez no ha firmado una obra maestra, pero sí un disco que definitivamente le puede reportar cuentas en azul a su disquera y a su chequera. Pero más allá de aquella satisfacción [que no tiene nada de despreciable, en mi opinión], su exuberancia es agradecida, así como sus muchas ganas de expresarse lo menos tacañamente posible. Una cosa es querer llamar la atención. Otra muy diferente, es tener con qué. Rufus, darling, you know you’ve got it.















